VII Bienal Internacional de Arte Sonoro 

Acudir al susurro del fuego requiere encorvar el cuerpo, plantar las rodillas en la tierra, acercar el rostro a lo incandescente y soplar con ternura.

En ese estado vulnerable, el fuego exige una atención precisa y se concilia con el aliento suave y constante que reactiva su latido. Compartimos nuestra ánima con el fuego y, en ese intercambio silencioso, la vida se reaviva allí donde parecía haberse vuelto ceniza.

 

Nos congregamos alrededor del fuego, en un círculo que nos convoca a soltar la tensión y habitar la atención. Atender, en su raíz más honda, es cuidar. Esta edición de Sonandes se fundamenta en la crianza mutua: nos criamos los unos a los otros a través de una escucha compartida. Escuchar deja de ser un fenómeno meramente acústico y se transforma en una práctica de cuidado, en una ética del estar juntxs.
En la intimidad de lo pequeño, el susurro se erige como nuestro primer territorio político. Devolviéndole a la intimidad su carácter de trinchera, afirmamos que cuidarnos es insistir en el afecto: arrancar el mantra del individualismo para devolverlo al rito de lo compartido. Hay en ello una sabiduría antigua, la de cuidar lo que nos cuida, la de sembrar la escucha en la tierra para que la voz del otro germine en nosotros..
No buscamos la producción de objetos, sino el cultivo de vínculos. Privilegiamos la experiencia sobre la acumulación, devolviendo el latido al terruño que nos sostiene. Entendemos el sonido no como objeto de contemplación, sino como tejido vivo que nos transforma mientras nosotros lo sostenemos con una escucha atenta. No habitamos lógicas ajenas ni respondemos a temporalidades impuestas: tejemos con nuestras propias manos, con nuestros propios ritmos, honrando la tecnología más antigua y radical del encuentro cara a cara.
Frente a la aceleración que devora el tiempo y diluye los cuerpos, elegimos la lentitud como insurgencia. En este pulso lento que desafía la vorágine del capital, encontramos la potencia de lo colectivo, demoliendo el espejismo de “lo público” fabricado por el algoritmo. Proponemos una escucha que se demore, que no tema a la pausa. En el tiempo necesario para que la brasa tome fuerza reside nuestra resistencia..

 

La resonancia se vuelve entonces lenguaje común: cuerpos que se afectan, vibran en la misma frecuencia y, poco a poco, desdibujan sus fronteras. Como la brasa, que no deslumbra pero abriga, traemos con nosotras la sabiduría de quien ha aprendido que el calor más hondo es el que se sostiene en la proximidad.

Abrimos este camino a nuevos interlocutores, no para enseñar, sino para aprender en comunidad. Que este aliento colectivo sea el que mantenga encendido el fuego. Que nuestra atención sea el alimento de la brasa. Soplar con ternura no busca avivar el espectáculo, sino sostener lo esencial para que el fuego continúe su ciclo. En esa persistencia silenciosa, en esa lentitud compartida, se cifra nuestra resistencia final frente a un presente que se agota en su propia prisa.

Guely Morató Loredo

Febrero 2026

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